La urbanística montevideana contra la libertad

No solo los llamados megaproyectos se relacionan al perfeccionamiento de un nuevo dominio en el territorio uruguayo. Todos nuestros espacios urbanos se han venido transformado y continúan su transformación con los gobiernos de izquierda, avanzando hacia la instauración de un control más absoluto, o que pretende serlo por lo menos, sobre nuestras vidas. Además de la soja, que ha sido la exportación principal, las grandes infraestructuras que se han instalado como la planta de celulosa, son las que han posibilitado el crecimiento económico de las empresas y el Estado de los últimos tres años. El resto de los cambios urbanos también acompañan dicho crecimiento ofreciendo su cuota de ayuda a la pacificación y domesticación que los nuevos negocios exigen. En este sentido, puede verse la intervención sobre nuestras vidas, por ejemplo, en la implantación de nuevas infraestructuras (el puente de las américas, el proyectado megapuerto, la idea del antel Arena, los corredores víales…); en los planes (urbano 1, 2, 3…); en las normas (ley contra la ocupación, ley de faltas…); o en la reestructuración de los cuerpos armados de ocupación (guardia republicana, seccionales…). Más temprano que tarde Montevideo debe convertirse en un gran Showmatch, donde todo cuente con el auspicio de grandes marcas, donde nada quede sin ser registrado por una cámara o un ensayo periódistico, donde la falsedad sea el modelo aceptado a seguir, y en donde muchos colores, ruido y velocidad, nos mantengan en la fantasía de que todos participamos y somos los beneficiarios del espectáculo. El ciudadano activo, que es el modelo del “nuevo uruguayo” no necesita entretenimiento, él es creado a través del entretenimiento.
Algunos principios rectores del dispositivo urbanístico que se pone en funcionamiento contra nosotros son:
1- Modificación del espacio. El espacio es el sitio en donde se transita, se vive, donde se dan nuestras relaciones (las que sirven al Estado y las que no). El espacio urbano es determinado, moldeado por las cosas que están en él, las que transítan en él y las que se van modificando en función a él, hoy, a la dinámica del control sobre todo. Para el Poder, el espacio debe servir para el consumo infinito en sus diferentes lugares: los de juego, los de compra, los de descanzo (recuperación), los de trabajo, etc. Todo lugar es ocupado hoy por el Estado, el cual lo apropia y lo transforma para que se pueda desarrollar el consumo.
2- Control. Se agudiza el control, pasando de la estructura disciplinaria (hoy cara e ineficaz) a una de control. Además, en lo específico, se pasa de una etapa de control más “pasivo” a una de control “activo”. La función actual del espacio urbano es la generalización del dominio creando los tipos de relaciones que les son convenientes al Estado. Recuérdese el intento de involucramiento de las personas como ciudadanos responsables, o sea buchones, en funciones de denuncia o vigilancia (vecinos alerta, policía comunitaria, de contacto permanente con las comisarias, la aplicación para celular para hacer denuncias como el “Citycop”, etc.). El ciudadano toma la figura de policía y se convierte, a la vez, en objeto de control constante, es siempre un sospechoso, un posible delincuente hasta que pruebe lo contrario (quién esté en Carrasco debe demostrar que tiene una razón para estar ahí o los guardias lo echan, también en lugares como Punta del Este la policía se encarga de aplicar la ley “contra la vagancia”).
3- Funcionabilidad. Represión y comercio utilizan las mismas estructuras. La policía usa las cámaras de los privados para detener delincuentes, privados usan la videovigilancia estatal para trabajos de mercadeo. Rutas, calles e iluminación son inversiones necesarias para ambos jugadores. Como todo en el capital, las estructuras de control y comercio no tienen límites reales entre sí. La no distinción entre privado y público debe hacernos entender de qué hablamos cuando hablamos de Estado para no seguir pensándolo como un cascarón o sólo un gendarme del capital.
4- Gestión del dominio. El Estado busca profundizar la complicidad de sus súbditos en la transformación de los espacios urbanos por eso crea los “presupuestos participativos” y demás planes “en conjunto”, de mejora y prefeccionemiento de los barrios. Los buenos ciudadanos se convierten en gestores de la devastación capitalista siendo parte de la replanificación urbana. La falsa idea de autogestión o el involucramiento en la gestión del avance capitalista mete sobre todo a los sectores progresistas en la gran trampa democrática. Así como el frente amplio se atrevió a sacar la propaganda de “todos tenemos un banco”, de la misma manera se busca crear la identidad del ciudadano gestor. Como idea no es nueva y además a mostrado su efectividad en el pasaje “identitario” que lograron las empresas financieras al tranformar en “cliente”, con el status que le corresponde a miles de usuarios. El dueño de una tarjeta de crédito, débito o lo que sea, se siente importante, y claro que lo es, es importante para la continuidad del dominio.
De todas formas, en cada rincón del dominio aun se esconde, lista para saltar al cuello del capital, la insurrección. Cada sistema tiene por propia naturaleza su debilidad, encontrarla para forzar y destruír la cadena, es responsabilidad de los revolucionarios.

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