La franqueza no duerme en la cama de los políticos

Cuarto texto para la reflexión en el marco del Mes poor la tierra y contra el capital. Ahora un texto crítico hecho el año pasado sobre la lucha contra la megaminera Aratirí.

La franqueza no duerme en la cama de los políticos, análisis crítico de la lucha contra Aratirí.

En estos tiempos las obras de la megaminera están, o parecen estar, casi detenidas. Es necesario entonces, tomar un respiro para la reflexión sin dejar de hacer lo que se hace. Debemos reflexionar acerca de nuestra actuación y el desarrollo de la lucha contra este megaemprendimiento. Toda nuestra reflexión, como siempre, debe surgir de nuestro accionar, sólo haciendo podemos pensar bien.
Dada la última marcha “nacional” de la A.N.P (Asamblea Nacional Permanente), o sea, la organizada por las diferentes regionales, que no se hizo en el oeste como muchos sectores querían1, es necesario evaluar las fuerzas reformistas y la recuperación política que actúan en la misma Asamblea, sobre todo, aunque no solamente, por el partido político “Unidad popular” a través de sus militantes2. Para nosotros la A.N.P debía cumplir apenas dos funciones: generar una difusión de las ideas, buscando profundizar en la integralidad y generalidad de la problemática, el problema de la tierra está vinculado al capital y al Estado; y en segundo lugar, crear una estructura coordinada defensiva básica para una lucha que es por la vida libre y que se desarrolla en este caso en los conflictos territoriales.
Si bien, muchos marcan como una “victoria” que la A.N.P se mantenga con una estrutura horizontal, en donde las cosas (desde el punto de vista formal) se deciden por concenso, y que en su seno no puede haber personas que vayan por partidos políticos u O.N.G, las fuerzas políticas y conciliadoras han mantenido siempre una peligrosa estrategia política que ha ido ganando peso en un territorio marcado por la pasividad. La estrategia de acumulación cuantitativa y negociación son claramente mayoritarias.
El panorama actual de la A.N.P es el de una estrutura horizontal pero que lo único que hace es una marcha anual y que saca algún comunicado impulsado (y muchas veces sacado a prepo y por fuera de todo concenso) por los secotres políticos. Dos han sido las regionales más activas, la regional “sur” (que abarca gente de Montevideo y Canelones) con un perfil más confrontativo y anticapitalista, y la regional “Canelones” con un perfil un poco más político. De los dos objetivos antes mencionados, tal vez el primero fue el que mejor se cumplió, hubo mucha difusión, aunque nunca sea la suficiente y la problemática se hizo conocida. Con respecto al segundo, la estructura defensiva básica se formó, aunque es muy débil, a través del conocimiento y respeto mutuo ganado luego de mucha actividad.
El panorama de la lucha, más allá de la A.N.P, es bastante limitado. Varias cosas han sucedido y se han hecho públicas, otras no. También hay otros actores (nunca mejor usado ese término), como O.N.G y políticos que han intervenido, basicamente buscando acuerdos y negociando, o buscando negociar, sobre la devastación del territorio con las autoridades del gobierno.
Finalmente, ha sido el panorama internacional en gran parte el que ha generado la detención del desarrollo de las obras. El precio del hierro ha bajado y las predicciones no parecen mostrar que sea una tendencia que vaya a revertirse por ahora. Por otro lado, la presión interna también jugó su papel para que la obra no se haya (hasta ahora) llevado a cabo. ¿Cuánto? No lo sabemos y no queremos especular como lo hace cierto triunfalismo de uso especulador3.
Si tuvieramos que hacer un balance apresurado diríamos que dentro de lo positivo de la lucha se destacó también la capacidad de autoorganización que fue puesta a prueba y varias veces sorteó sus dificultades. De hecho, por encima de muchos incrédulos, una “nueva” forma (para la anquilosada costumbre) surgió y se desarrolló de costado, y a espaldas, de los partidos políticos. Conscientemente se rechazaron otras formas de organización autoritaria y las formas que se adoptaron intentaron buscar la efectividad unida a la libertad y el respeto de todos. Todo esto, en un lugar en donde estaban a la orden los especuladores políticos y las ideas delegativas más rancias. Además hay que tomar en cuenta que hubo una desaparición de los sectores de izquierda como los del MPP o ese tipo de grupos, los cuales ni por asomo intentaron intervenir, salvo el tristemente caso del alcalde de la Paloma, mostrando la incompativilidad de la política con la lucha social, y mostrando también su rostro de piedra.
En lo negativo, no podemos obviar la poca capacidad que se demostró, no ya sólo desde la Asamblea (que no es La lucha sino sólo un rejunte para luchar), sino en general. Recordemos, por ejemplo, a algunos vecinos de la Paloma acusando a muchos compañeros por las acciones directas de difusión en la zona, o también el miedo que se generó y expandió cuando varios vecinos se interpusieron frente a las máquinas que querían comenzar las obras del puerto en la Paloma. Lamentablemente, fueron los sectores con una estrategia política los que supieron establecer una proyección sobre la lucha. Sus formas de actuar unidas a un discurso que aún tiene mucha ascendencia detuvo muchas veces la pelea y llevó a la asamblea a la sola búsqueda de un comunicadismo estéril. Todo se redujo a decir que opinan los “representantes” de la A.N.P sobre determinados temas de la actualidad o escribir “notas” de apoyo donde la solidaridad muchas veces nacía y moría en el papel. Así se añadió solo la práctica que los grupos políticos hacen y que poco a poco aleja a las personas que apuestan por transformarse y tranformar la realidad. La acción directa, más allá de la difusión, salvo casos aislados, careció de arraigo en la lucha. La “libertad de táctica”, aceptada en los papeles, era atacada siempre que se veía la rabía en los rostros de los compañeros. La preocupación de los especuladores fue que nadie fuera a sobrepasar los límites que el miedo y el orden imponen, ni en nombre de la Asamblea ni en el propio. Los sectores con propuestas más confrontativas, o se diseminaron o terminaron tirándole la culpa a los secores reformistas de su própia debilidad. Lo cierto es que la hostilidad más grande ha sido siempre hacia la posibilidad misma de la confrontación directa más o menos colectiva.
Creemos que es por el amor a la naturaleza y a la libertad, que son las razones que nos han llevado a unirnos a los demás, que hay que fortalecer un accionar creativo, fuerte y combativo. Salirse de las prácticas empantanadas de la especulación, salirse de la política para que sea la sinceridad la que hable, razone y nos haga movernos. Creemos que hay que salirse del enfrascamiento de las luchas asambleísticas donde se “pelea” por el triunfo de una postura y nada más, lease, de una consigna o una palabra. A nadie le gusta que los reformístas llamen a una lucha en la que estamos, “ciudadanísta o patriótica” y que eso se haya repetido nos llena de molestias, claro, pero sin dejarse pisotear hay que recordar siempre que la lucha está en los hechos y que se nutre en la efectividad de los ataques y no en las palabras. Debemos volvernos hacia las cosas, ahí en donde el capital se concretiza, donde se concretiza la devastación y el dominio.
Fueron las actividades reales y constantes las que lograron que mucha gente creyera en la posibilidad de la lucha y que se fortaleciera una forma de ver el mundo más allá de la negociación. Las diferentes actividades, como la movilización al canal 4 que fue intentada detener por los sectores políticos, demostraron la posibilidad que tiene la calle. Las marchas que se hicieron en montevideo son un ejemplo claro de que la gente puede salir a la calle sin necesidad de ser acarreada a toques desde dispositivos políticos como el “No a la baja” del Partido comunista y sus aliados en el caso de las últimas elecciones.
Apuntar a la calle, no necesariamente solo a marchas, sino en general, es una necesidad vital para la lucha antiautoritaria. Ejemplos de luchas que se llevan a cabo de manera responsable, buscando la generalización pero también la profundización existen, cada una tiene sus particularidades y limitaciones, pero ahí están para enseñarnos cosas. Toda lucha es particular y limitada, la clave es superar su límite y particularidad. Cada lucha parcial es una oportunidad para dar nuestra pelea que es siempre por el todo, no un todo abstracto sino real. La lucha contra el zoológico Villa Dolores es un ejemplo de una lucha en donde a la difusión, con todo tipo de textos y marchas, se le sumaron muchos ataques anónimos, actos de sabotaje y boicot. La lucha contra los desalojos en Costa de Oro también mostró como “nuevas” formas de pensar el territorio pueden ser generalizadas en una lucha que plantea tierra para vivir, habitar y cuidar.
Nuestra lucha debe ser amplia. Una lucha que solucione problemas puntuales y que pueda llevarnos tal vez a solucionar el problema que genera todos los demás, el del sistema de dominación actual. Ahora, eso no nos puede convertir en ciegos, no podemos empecinarnos en que va a salir la solución de donde claramente no puede hacerlo. La lucha contra la minera puede ser una lucha “real” así como otras luchas por el territorio pueden serlo, pero no saldrá de los sectores políticos y reformistas. Esperar por ellos o decir que esperamos que salga del lugar que representa la lucha (y que no es la lucha), sería un engaño a nosotros mismos y a nuestros compañeros. ¿Esperar?¿Por quién? No estamos en las asambleas para dar la postura más radical, estamos en la lucha (y no en su representación) para ir a por las estructuras del domino.
Seguiremos potenciando la autoorganización pero sin dejar de ser sinceros, sinceros con los demás y sobre todo sinceros con nosotros mismos. Como no creemos en leyes, los acuerdos son nuestra garantía y en ellos ponemos nuestra convicción. Queremos seguir fomentando y siendo parte de las luchas para detener los megaemprendimientos porque queremos detener la devastación y porque, sobre todo, nuestra propia libertad se juega todo en esa conflictividad. Por eso queremos seguir fortaleciendo lo avanzado y acordar entre los que luchamos, pero nunca a costa de nuestra dignidad, nunca a costa de servir a los especuladores de la política o de terminar nosotros mismos separándonos de lo que realmente importa.

Anarquistas implicados en la lucha contra Aratíri, los megaproyectos y el mundo que los crea.

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