Lxs anarquistas en Colombia y el nuevo momento de protestas sociales

LAS ANARQUISTAS, EL MOVIMIENTO SOCIAL Y EL PARO AGRARIO, ÉTNICO Y POPULAR

Para recobrar los matices demoledores y revolucionarios de los análisis en torno a las coyunturas nacionales, compartimos a diversos rincones del mundo este magnífica síntesis sobre los recientes movimientos sociales acaecidos en Colombia a partir de inicios del nuevo siglo y hasta 2013, que culminó con tremendas protestas en el marco del Paro Agrario, Étnico y Popular (más popularmente conocido como “la minga”) logrando algunas mejoras jurídicas y nominales para los pueblos originarios de los departamentos y municipios del poniente del país, pero insuficientes para la visión autonómica que surge con gran pasión y disciplina revolucionaria en el norte del Cauca, territorio rebelde que ha gestado desde entonces diversas ‘liberaciones de la Madre Tierra’ (Uma Kiwe) para recobrar el sentir comunitario de los pueblos a través de la apropiación de varias hectáreas de tierra mediante la acción directa, en búsqueda de generar soberanía alimentaria en algunos municipios. El acompañamiento solidario de varias agrupaciones e individuos que buscan realizar prácticas libertarias sin olvidar los orígenes étnicos y culturales, ha sido imprescindible para echar adelante algo “más allá de los partidos y el autoritarismo de las políticas ya conocidas”.

Revolución Internacional

 

Sólo una amplia y arrolladora revolución que abarque tanto a los trabajadores urbanos como a los campesinos sería lo suficientemente fuerte para derribar y romper el poder organizado del Estado, respaldado como está por todos los recursos de las clases propietarias” – Mijaíl Bakunin

En vísperas de un nuevo paro nacional donde campesinas, indígenas y afrodescendientes ocupan nuevamente las calles de campos y ciudades, se hace necesario realizar un breve análisis del auge de los movimientos sociales alrededor del mundo durante los últimos años, de los paros agrarios del semestre pasado, del momento político-social que vive el país y del papel de las anarquistas revolucionarias en este momento coyuntural.

Para iniciar, podríamos decir que el 2011 fue un año que marcó la historia de las protestas sociales alrededor del mundo, pues millones de personas salieron a las calles a combatir el Estado y el capital por medio de asambleas, marchas y acciones de hecho. Muestra de ello fueron el movimiento de las indignadas, las revueltas árabes, las marchas estudiantiles en Chile, las luchas obreras en México y Grecia y el levantamiento de las marginadas en Brasil que propiciaron un ambiente de lucha y resistencia que culminó con la caída de viejos dictadores, la denuncia de la gran desigualdad que reina en el sistema capitalista, y el fortalecimiento de los nuevos movimientos sociales . Sin embargo, esas movilizaciones no nacieron de la nada pues son producto de la grave crisis civilizatoria que estamos viviendo actualmente y de las medidas represivas del Estado en su afán de dejarle las puertas abiertas al libre mercado y al modelo neoliberal.

 

Crisis civilizatoria y revueltas sociales

Después del desplome financiero de 2008, donde muchas empresas quebraron y los gobiernos europeos y estadounidense tuvieron una grave depresión financiera y social , se vinieron implementando medidas de austeridad que provocaron el crecimiento abrupto del desempleo y la pobreza. Lo anterior, además de descomponer el tejido social y erosionar el aparato productivo, llevó a la clase trabajadora a emprender una gran lucha anticapitalista en defensa de sus derechos y en contra del poder político y los emporios económicos que fueron, paradójicamente, los que aumentaron sus riquezas en esos años.

No obstante, esa lucha en contra del gran capital no tuvo como único objetivo protestar contra la creciente desigualdad en el mundo, sino también denunciar la grave crisis civilizatoria que hemos estado viviendo durante los últimos tiempos como consecuencia de la destrucción del medio ambiente, de las guerras imperialistas, del saqueo de los recursos naturales de los países periféricos, de la represión militar contra las oprimidas, del consumo exacerbado de mercancías, de la devastación de las economías campesinas por parte de multinacionales agroindustriales, del agotamiento de hidrocarburos y reservas hídricas, de la mercantilización de los servicios públicos, de la superexplotación de la clase obrera y del acaparamiento de tierras y propiedades en pocas manos .

De esta manera, y viendo la gran decadencia del capitalismo que, lejos de suplir las necesidades básicas de la población, ha llevado al mundo a la destrucción y la barbarie, los nuevos movimientos sociales integrados, muchas veces, por sectores marginales y trabajadoras, han salido a las calles, han armado barricadas, han convocado huelgas generales , han quemado carros, se han enfrentado con los cuerpos represivos del Estado, han derrocado dinastías despóticas y hereditarias , y han propuesto formas alternativas de organización .

Desafortunadamente, algunos de esos movimientos se han desmovilizado y se han quedado en la mera resistencia olvidando la lucha por un cambio radical del sistema como se evidencia en el movimiento Occupy; al contrario, otros movimientos han optado por seguir denunciando la injusticia y miseria del capitalismo como se demuestra en los movimiento de las estudiantes chilenas y las trabajadoras mexicanas.

Aún así, y a pesar de los altibajos que han tenido durante los últimos años, la llama libertaria de resistencia y lucha anticapitalista siguió ayudando a encender la rebeldía social en diferentes partes del mundo como se evidenció en el país más feliz y desigual del mundo donde miles de campesinas bloquearon vías en oposición a la política neoliberal de exterminio estatal del campo que busca parcelar la tierra en beneficio de las multinacionales y los terratenientes.

 

Paro Cafetero y Movilización campesina en el Catatumbo 

Los tratados de libre comercio y el olvido del campo, síntomas de la crisis civilizatoria, fueron los factores principales que propiciaron la movilización campesina de principios y mediados de 2013. Las labriegas y trabajadoras rurales de diferentes veredas, pueblos y departamentos se tomaron las calles del país paralizando el flujo del capital y las actividades administrativas de diferentes instituciones estatales. Unas cuantas semanas de bloqueos sirvieron para demostrarle al gobierno pro-imperialista de Juan Manuel Santos que las campesinas no habían sido exterminadas y que, contrario a lo que decían las intelectuales de derecha y los medios de comunicación burgueses, todavía seguían existiendo, resistiendo y combatiendo.

Ese fervor y sentimiento de rebeldía e insurrección del campesinado se reflejaron en los múltiples bloqueos y en la redacción de los distintos pliegos de exigencias que provocaron, en muchos casos, que las clases dominantes y el Estado burgués colombiano se sentarán en la mesa a negociar. Dos acontecimientos despertaron la atención de la oligarquía cipaya y produjeron miedo entre aquellas que poseen el poder político y económico del país durante los meses de movilización campesina: El primero de ellos, fue el paro cafetero realizado en los meses de Febrero y Marzo de 2013 donde miles de caficultoras, desde recolectoras hasta empresarias , se tomaron las vías del país en busca de una solución eficaz a sus problemas que se manifestaban principalmente en la baja producción, la pérdida de ingresos monetarios por los bajos precios extranjeros, la revaluación del peso colombiano, el alto costo de los insumos y la incapacidad para pagar los préstamos bancarios . Al final del paro, y después de varias jornadas de movilización y represión en las calles, las campesinas lograron que el Estado les diera un subsidio para aliviar los costos de las cargas de café.

El segundo suceso que no dejo dormir a las poderosas fue la movilización campesina del Catatumbo que denunció la locomotora minera y promovió las zonas de reserva campesina en una región donde la violencia es el pan de cada día  y donde el cultivo de coca se ha convertido en la principal fuente de ingreso de la población rural. Desafortunadamente, fueron más los costos que las victorias logradas por el campesinado del Catatumbo ya que la mano homicida del Estado cometió horrendos crímenes, entre los que se destaca la muerte de 4 campesinas, las detenciones arbitrarias, las amputaciones, las agresiones físicas y los saqueos.

La represión contra las justas luchas del pueblo oprimido seguirá siendo un arma del Estado para acallar la protesta social pues, dos meses después de la movilización del Catatumbo, el campesinado volvería a tomarse las calles por medio de marchas, plantones y bloqueos.

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Paro nacional agrario y popular de Agosto de 2013

Viendo el incumplimiento del gobierno a las cafeteras y la falta de voluntad de las poderosas para frenar el avance de los tratados de libre comercio, el campesinado volvió a parar las actividades productivas del campo. Sin embargo, este paro sería distinto a los anteriores ya que participarían en él lecheros, paperos, cebolleros y cafeteros por lo que las acciones en las vías serían más grandes y tendrían más cubrimiento en los medios de comunicación privados y alternativos. Además, las trabajadoras rurales serían apoyados por estudiantes, transportadoras, profesoras, centrales sindicales y mineras artesanales, produciendo con ello, una gran rebelión que tenía como propósitos esenciales, sumados a los enunciados previamente, evitar que las tierras se siguieran utilizando para funciones diferentes a la producción de alimentos como se evidencia en el fortalecimiento de la gran minería y el agro-negocio, eliminar la prohibición sobre la utilización de semillas nacionales para los cultivos en el campo, y exigir una inversión real en educación, salud, vivienda, servicios públicos y vías .

La fuerte movilización y las exigencias del sector rural, molestó a las clases dominantes y al imperio del norte que le pidieron ayuda a su santidad Juan Manuel Santos para que reprimiera a las campesinas mediante toda forma de vejámenes que dejaron al descubierto lo que ya sabíamos: el carácter criminal y paramilitar del Estado colombiano. Las cifras no pueden ser más desalentadoras ya que las asesinas a sueldo del ESMAD junto con las fuerzas militares mataron 12 personas, hirieron 485, desaparecieron 4 y detuvieron arbitrariamente a 262 .

A pesar de esta fuerte represión, las trabajadoras rurales, armadas con palos, machetes y azadones, siguieron en pie de lucha y lograron que el gobierno creara una mesa de solución a los problemas del campo. No obstante, el Estado colombiano, como buen hipócrita y mentiroso que es, no les cumplió a las campesinas deslegitimando las protestas pasadas y negociando con una burocracia que no representaba los intereses del campesino de a pie.

 

Promesas incumplidas en medio de elecciones parlamentarias y ascenso paramilitar

La creación del gran pacto agrario entre las jerarquías más altas de las organizaciones campesinas y las representantes del gobierno, intentó aliviar los problemas del campo simbólica y mediáticamente pues no crearon, en seis meses de negociación, acuerdos alternativos y reales para acabar definitivamente con la miseria en el campo producida por el modelo neoliberal y el acaparamiento de tierras.

Lo anterior, se da en un contexto difícil para el pensamiento crítico y la movilización social pues las elecciones pasadas al senado de la república  y las múltiples masacres cometidas en Buenaventura junto con las graves amenazas contra dirigentes sociales dieron a entender que el modelo paramilitar nunca se había ido y que seguía vigente no solo en la instituciones estatales sino en barrios, veredas y universidades. Es tanto el poder de la motosierra asesina que un ex presidente narco-fascista investigado por financiar y promover la creación de las Autodefensas Unidas de Colombia, ocupará una de las sillas parlamentarias en los próximos meses. Muchos dicen que hubo fraude electoral pero la verdad, lastimosamente, es que al pueblo que no lucha ni sale a las calles sino que se queda viendo telenovelas o trabajando todo el día sin, ni siquiera, tener tiempo para instruirse o pensar en la situación actual del país, idolatra a las políticas que poseen un carisma fuerte y un discurso contrainsurgente.

Pero no podíamos esperar más de las elecciones al congreso pues décadas de adoctrinamiento ideológico en el mismo seno de las masas oprimidas por medio de la escuela, la iglesia y los medios de comunicación han dado como resultado una ferviente adoración a los ídolos quienes, siendo fieles representantes de los intereses de la burguesía criolla y el imperialismo yankee, gustan de la represión, el amor a la patria, la desigualdad, el sexismo y el racismo.

Aún así, y a pesar del difícil contexto social y político en el que se encuentra el país como consecuencia del poder paramilitar, las campesinas y diferentes grupos sociales organizaron una gran cumbre agraria donde, en oposición al falso pacto agrario, acordaron lanzar un nuevo paro campesino, étnico y popular para este 28 de Abril. Este cese de actividades en el campo, tendrá como soporte esencial un pliego de exigencias que tiene los siguientes puntos esenciales: la creación de un nuevo plan de ordenamiento territorial, la instauración de una nueva política de reforma agraria que democratice la propiedad de la tierra, la suspensión de concesiones minero-energéticas dadas a las multinacionales, el establecimiento de un programa de sustitución de cultivos de coca, el desmonte de las estructuras paramilitares, la reparación integral a las víctimas de violaciones a derechos humanos, el aumento de la inversión social en educación y salud, la cobertura universal de los servicios públicos y la solución política al conflicto social y armado .

Siendo el pliego un arma fundamental de lucha, campesinas, indígenas y afro descendientes se volcarán a las calles nuevamente exigiendo soluciones a sus problemáticas. Sin embargo ¿Cuál debe ser el papel de las anarquistas en el movimiento social que se avecina?

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Inserción social y crítica al burocratismo

Las anarquistas como agentes sociales revolucionarias, no debemos alejarnos del movimiento social; al contrario, tenemos la gran tarea de participar en él mediante la lucha constante, el llamado a la horizontalidad, la critica a los órganos jerárquicos y la acción en las calles. Si bien entendemos que el gran movimiento de masas que se está gestando en este preciso momento tiene gran participación de dos fuerzas sociales importantes como lo son Congreso de los pueblos y Marcha Patriótica, tenemos la gran tarea de realizar un trabajo arduo en las masas llamando a la acción directa y la lucha de clases como en tiempos memorables hacían las compañeros del Grupo Libertario de Santa Marta a la clase obrera de las plantaciones bananeras de la United Fruit Company . Es difícil pero no imposible la tarea, pues tenemos la capacidad organizativa de crear otro tipo de concientización entre el pueblo oprimido. Es en la lucha donde las desheredadas toman conciencia de su verdadera posición como individuos rebeldes y es en el combate contra el Estado donde las desposeídas se dan cuenta que esa bestia negra, como llamaría Bakunin al Estado, tienen que ser destruida y extinguida sobre la faz de la tierra.

Debemos, del mismo modo, hacer una crítica certera a la utilización de los movimientos sociales para fines electorales o partidistas, pues los individuos que se organizan y protestan no son objetos que se utilizan para intereses particulares sino son sujetos que tienen voz y que tienen la capacidad de actuar y decidir sobre su destino. En este momento, donde se acercan las elecciones presidenciales, los partidos autoritarios buscarán cooptarse el movimiento social para ganar votos y así poder acrecentar su participación en el parlamento.

Por otro lado, tenemos que romper con el coyunturalismo y las practicas reivindicativas que lo único que generan es la instrumentalización de las justas luchas del pueblo oprimido a favor de intereses particulares. Por el contrario, tenemos que ir más allá de la solución de un pliego de exigencias y hacer un llamado a la revolución social que tendrá como objetivo principal la destrucción del capitalismo y el advenimiento de un nuevo sistema socio-económico, político y cultural. En nuestro caso, debemos lograr, como anarquistas, que las clases oprimidas se den cuenta no solo de la represión sino de la inutilidad, corrupción, manipulación y burocratización del Estado en pro de una conciencia antiestatista que logre canalizar la protesta social por la vía de la acción directa y la autonomía en busca de una sociedad de federaciones libres.

Sin embargo, ese advenimiento de una nueva sociedad libertaria será fruto de la lucha en las calles y de la unidad revolucionaria de todas aquellas que sufren, no solo la explotación del capital, sino la marginalización del Estado.

 

Llamado a conformar un frente único anticapitalista, a la organización desde abajo y a salirse de los cánones de la legalidad

Un deber urgente de las militantes libertarias que, actualmente, apoyan el paro nacional, agrario, étnico y popular y que han venido trabajando en las organizaciones sociales, es incentivar la unidad revolucionaria no solo entre campesinas, indígenas y afrodescendientes sino entre todos los sectores oprimidos y marginales del modo de producción capitalista.

Desempleadas, trabajadoras informales, amas de casa, presidiarias, habitantes de calle, desplazadas y, en si todas las pobres, deben conformar y organizar, como alguna vez diría Rodolfo Gonzáles Pacheco, un frente único que luche y destruya el Estado y el capital. Además de los sectores sociales mencionados, una tarea necesaria e impostergable es motivar la organización del proletariado quien es la única clase social que podría frenar la producción y el consumo de mercancías pues son ellas las que sostienen las fábricas y empresas modernas.

No hay que olvidar que las trabajadoras asalariadas, quienes han venido sufriendo la explotación y extracción de plusvalía por parte de la capitalista desde hace más de dos siglos, son los individuos que han propiciado las más grandes revoluciones sociales que ha presenciado la humanida. Del mismo modo, ellas cuentan con una gran arma organizativa y revolucionaria que ha reivindicado el anarquismo desde el siglo XIX: la Huelga General. Este método de lucha, puede lograr inmensas revoluciones sociales no solo a nivel nacional sino internacional pues busca el cese de actividades productivas de todas las trabajadoras de un país lo que evidencia un inmenso grado de movilización. Sin embargo, sabemos que la tarea es difícil pues la fase neoliberal del capitalismo ha incentivado la precarización, la flexibilización y la tercerización laboral lo que ha provocado que las trabajadoras tengan pocas posibilidades de organizarse en contra del capital. Además, los sindicatos, no satisfechos con la persecución y estigmatización a la que son objeto, se han venido institucionalizando o burocratizando produciendo, con ello, una gran nivel de apatía anti-organizativa entre el seno de la clase obrera.

Dicho lo anterior, la conformación de este frente único anticapitalista como la inserción en el presente paro nacional agrario étnico y popular, debe venir de abajo a arriba, y no de arriba a abajo. Lastimosamente, y esto se ha evidenciado en las marchas y bloqueos campesinos del año pasado, las agendas de movilización así como la toma de decisiones vinieron de las líderes y no de las bases; no se tuvieron en cuenta, en muchos casos, la voz de las de ruana quienes son las que cultivan la tierra. No por nada, se crearía ese pacto agrario de pacotilla y se desmovilizaría al campesinado y a los demás sectores en lucha.

Sabemos, del mismo modo y viendo la experiencia de los paros anteriores, que las dirigencias agropecuarias intentarán jugar con la legalidad firmando cualquier acuerdo que de solución al pliego de exigencias. Apoyamos esta forma de lucha, como táctica y no como estrategia, pues pensamos que las leyes no tienen que regir nuestras vidas y no se tienen que convertir en un fetiche fácil de utilizar en cualquier situación; es la autonomía, la acción directa y el asamblearismo, los procesos organizativos que nosotros incentivamos entre las clases subalternas.

Extraído de:

lucha libertaria

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